¿Como leer nuestro Tiempo, Era, Generación? …”Líquidos” se van los días, las vidas, las suertes… Bien, como tampoco tengo respuestas, les cuento un cuento:

Las Hormigas y la Pluma
Una hormiga deambulaba descarriada, cierto día, por una hoja de papel y vio, de pronto, una pluma que escribía finos trazos negros.
- ¡Qué maravilla! – exclamó – Qué cosa tan notable y con vida propia, que hace garabatos en esta bella superficie, hasta el extremo de que puede equipararse a los esfuerzos conjuntos de todas las hormigas del mundo. ¡Y qué garabatos hace! Parecen hormiga. Y no una, sino millones que actúan juntas.
Le relató sus ideas a otra hormiga, la cual estuvo igualmente interesada. Alabó los poderes de observación y reflexión de la primera hormiga.
Pero otra hormiga dijo:
- Sirviéndome de tus esfuerzos, tengo que admitirlo, he observado ese extraño objeto. Pero he llegado a la conclusión de que no es él quien impulsa su trabajo. Has cometido el error de no observar que esa pluma está unida a otros objetos, que la rodean y conducen. Esos y no otros deben ser considerados como el origen de su movimiento.
De este modo, las hormigas descubrieron los dedos.
Pasado bastante tiempo, otra hormiga caminó sobre los dedos y se dio cuenta de que formaban parte de una mano, que exploró total y minuciosamente, al estilo de las hormigas, trepando por todas partes y escudriñándolo todo.
Regresó entonces junto a sus compañeras, y les gritó:
- ¡Hormigas! Tengo noticias de importancia para vosotras. Esos pequeños objetos forman parte de otro mucho mayor. Y éste es el que verdaderamente lo mueve todo.
Pero luego se descubrió que la mano estaba unida a un brazo, y el brazo
a un cuerpo, y que no existía una sino dos manos y que existían dos pies que no escribían.
Y prosiguieron las investigaciones.
Las hormigas llegaron así a tener una idea adecuada de la mecánica de la escritura.
Pero acerca del sentido e intención de la escritura no pudieron averiguar nada con su acostumbrado método de investigación, porque no sabían leer y escribir.
Fuente: “Cuentos de Oriente para niños de Occidente” – Editorial SUFI, Colección Arrayán – Madrid, 1997

Las Hormigas y la Pluma
Una hormiga deambulaba descarriada, cierto día, por una hoja de papel y vio, de pronto, una pluma que escribía finos trazos negros.
- ¡Qué maravilla! – exclamó – Qué cosa tan notable y con vida propia, que hace garabatos en esta bella superficie, hasta el extremo de que puede equipararse a los esfuerzos conjuntos de todas las hormigas del mundo. ¡Y qué garabatos hace! Parecen hormiga. Y no una, sino millones que actúan juntas.
Le relató sus ideas a otra hormiga, la cual estuvo igualmente interesada. Alabó los poderes de observación y reflexión de la primera hormiga.
Pero otra hormiga dijo:
- Sirviéndome de tus esfuerzos, tengo que admitirlo, he observado ese extraño objeto. Pero he llegado a la conclusión de que no es él quien impulsa su trabajo. Has cometido el error de no observar que esa pluma está unida a otros objetos, que la rodean y conducen. Esos y no otros deben ser considerados como el origen de su movimiento.
De este modo, las hormigas descubrieron los dedos.
Pasado bastante tiempo, otra hormiga caminó sobre los dedos y se dio cuenta de que formaban parte de una mano, que exploró total y minuciosamente, al estilo de las hormigas, trepando por todas partes y escudriñándolo todo.
Regresó entonces junto a sus compañeras, y les gritó:
- ¡Hormigas! Tengo noticias de importancia para vosotras. Esos pequeños objetos forman parte de otro mucho mayor. Y éste es el que verdaderamente lo mueve todo.
Pero luego se descubrió que la mano estaba unida a un brazo, y el brazo
a un cuerpo, y que no existía una sino dos manos y que existían dos pies que no escribían.Y prosiguieron las investigaciones.
Las hormigas llegaron así a tener una idea adecuada de la mecánica de la escritura.
Pero acerca del sentido e intención de la escritura no pudieron averiguar nada con su acostumbrado método de investigación, porque no sabían leer y escribir.
Fuente: “Cuentos de Oriente para niños de Occidente” – Editorial SUFI, Colección Arrayán – Madrid, 1997

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